Europa, en las calles por el costo de vida: hubo represión y violentos choques

Estudiantes, sindicatos y colectivos por la vivienda salen a las calles de Francia, Portugal, España, Italia, Bélgica y Albania. No hay un movimiento unificado, pero comparten el reclamo por el encarecimiento de la vida y el deterioro de los servicios públicos. En Francia, el primer ministro Sébastien Lecornu habló de las protestas más violentas en décadas, con más de 900 agentes heridos.

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Una ola de protestas sociales sacude a Europa. Miles de personas salieron a las calles en Francia, Portugal, España, Italia, Bélgica y Albania para denunciar el encarecimiento de la vida, las dificultades de acceso a la vivienda, los bajos salarios y el deterioro de los servicios públicos.

Las movilizaciones, sin embargo, no conforman un movimiento unificado. En cada país se mezclan problemas económicos, conflictos políticos y demandas específicas. Mientras en el sur europeo la crisis habitacional concentra buena parte de los reclamos, en Francia las protestas estudiantiles se ampliaron hacia una agenda contra la desigualdad y los recortes, y en Albania la movilización adquirió un carácter abiertamente antigubernamental. El denominador común es la dificultad de amplios sectores para sostener su nivel de vida en ciudades cada vez más caras.

Francia: de las aulas a una protesta contra el ajuste

Las protestas comenzaron con reclamos por la falta de docentes, las condiciones de los edificios escolares y el deterioro de la educación pública, especialmente en zonas vulnerables. Luego se extendieron a sindicatos, trabajadores y otros sectores que cuestionan la pérdida de poder adquisitivo, la desigualdad y las restricciones presupuestarias. También reaparecieron grupos vinculados con los chalecos amarillos, el movimiento que en 2018 había irrumpido contra el aumento del combustible y el costo de vida.

La jornada del sábado combinó marchas pacíficas con enfrentamientos, saqueos y daños en distintas ciudades. Las cifras de detenidos y heridos variaron según los balances difundidos durante el fin de semana, pero los incidentes elevaron la presión sobre el presidente Emmanuel Macron y el Gobierno.

Italia: enfrentamientos en Milán y otras ciudades del norte

Las movilizaciones reunieron reclamos contra el aumento de los gastos cotidianos, por mejores salarios y servicios públicos, y contra determinadas prioridades presupuestarias. En Milán, una marcha que había comenzado pacíficamente derivó en choques entre manifestantes enmascarados y la Policía, con lanzamiento de piedras, barricadas incendiadas y uso de gases lacrimógenos y camiones hidrantes.

El domingo, cientos de encapuchados rompieron escaparates y prendieron fuego a papeleras cerca de la Piazza Duomo. Según fuentes vinculadas con la investigación, más de 60 manifestantes fueron trasladados a una comisaría para controles adicionales. Un día antes, la agencia LaPresse había informado de alrededor de 50 detenidos, muchos de ellos menores, y al menos dos policías heridos, mientras que un reporte policial indicó que 28 personas fueron detenidas durante los disturbios del sábado. También hubo incidentes en Bolonia, Brescia, Bérgamo y Turín.

La primera ministra, Giorgia Meloni, condenó la violencia, aunque reconoció el derecho a manifestarse pacíficamente, y anunció una reunión de Gobierno para este lunes con el fin de analizar cómo responder.

España: la vivienda, un conflicto político

El acceso a la vivienda ya había impulsado manifestaciones y acampadas en Madrid y otras ciudades. El conflicto se intensificó tras la muerte de María del Carmen Abascal, una mujer de 87 años que había sido desalojada luego de que el fondo de inversión propietario de su vivienda reclamara un aumento del alquiler del 230%. Su caso se volvió un símbolo del impacto de los aumentos sobre inquilinos con ingresos limitados.

El gobierno de Pedro Sánchez propuso medidas de emergencia para facilitar y proteger el acceso a la vivienda, pero la oposición parlamentaria impidió su aprobación. En ese contexto, el presidente anunció elecciones anticipadas para fines de noviembre.

Portugal: marcha en Lisboa y campamento en el Rossio

Miles de personas marcharon el sábado en Lisboa para reclamar mejores salarios y pensiones, servicios públicos más sólidos y medidas frente al aumento del costo de vida. La jornada coincidió con una movilización por el derecho a la vivienda que desembocó en un campamento de protesta en la plaza del Rossio. Según datos citados por The Guardian, los precios de las viviendas en Portugal aumentaron un 124% entre 2015 y 2024, aproximadamente el doble que el promedio de la Unión Europea. Las protestas también llegaron a Oporto y Coimbra, mientras el Gobierno conservador de Luís Montenegro enfrenta reclamos para cambiar su política económica y habitacional.

Bélgica: estudiantes contra el aumento de las tasas

En Bruselas, las protestas estudiantiles contra el aumento de las tasas universitarias ya llevaban varias semanas y se sumaron a un clima de malestar más amplio. La Policía usó gases lacrimógenos y camiones hidrantes para dispersar a manifestantes a quienes acusó de arrojar objetos y provocar incendios. En Lieja también se desplegaron fuerzas antidisturbios.

Albania: una crisis política contra el Gobierno

Las manifestaciones entraron en su quinta jornada consecutiva con enfrentamientos en Tirana y otras ciudades. Con la incorporación de estudiantes secundarios y universitarios, la movilización reúne reclamos por la calidad educativa, el desempleo y las denuncias de corrupción, y exige la renuncia del primer ministro socialista Edi Rama, en el poder desde 2013.

La Policía informó inicialmente 167 detenidos y 132 agentes heridos durante los primeros cinco días de disturbios, además de daños en edificios públicos y privados y el uso de gases lacrimógenos, camiones hidrantes y balas de goma. La crisis se superpone con meses de protestas contra un controvertido proyecto de desarrollo turístico de lujo vinculado con Jared Kushner, yerno del presidente estadounidense Donald Trump. Rama rechazó los pedidos de renuncia y sostuvo que las movilizaciones ponen en riesgo las aspiraciones del país de incorporarse a la Unión Europea.

Un desafío abierto

La expansión geográfica de las protestas no significa que Europa esté ante una única revuelta con conducción compartida. La diversidad de los participantes, entre estudiantes, sindicatos, organizaciones sociales y colectivos por la vivienda, marca un límite: pueden coincidir en las calles sin compartir un programa político. Además, la violencia en algunos episodios abrió una disputa sobre los métodos de protesta y permitió que los gobiernos distinguieran entre las manifestaciones pacíficas y los grupos que protagonizaron los enfrentamientos.

Para los gobiernos, el desafío es responder a demandas concretas sin que los episodios violentos desplacen el debate sobre sus causas. Para las movilizaciones, la incógnita es si el malestar podrá traducirse en cambios de política o si quedará limitado a una sucesión de protestas nacionales sin una agenda común a escala europea.
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