Bolivia, la democracia prevalece

Después de una hegemonía de más de 20 años, dos candidatos diferentes al MAS disputarán la segunda vuelta presidencial. Detrás de ese triunfo democrático surgen preguntas. ¿Regresará la clase política tradicional con Jorge Quiroga? ¿Llegará al poder una tendencia conservadurista con Rodrigo Paz? ¿Podrá el nuevo gobierno sacar al país de la polarización y la crisis económica?

Por Fabiola Chambi

El 17 de agosto los bolivianos demostraron que la fuerza del voto popular puede sostener la democracia, incluso ante las amenazas más temerarias. Los resultados preliminares de las elecciones generales confirmaron la salida de la izquierda del poder y un balotaje inédito entre los candidatos Rodrigo Paz Pereira (32%) del Partido Demócrata Cristiano (PDC) y Jorge Tuto Quiroga (27%) de Alianza Libertad y Democracia. 

Muchos de quienes votaron solo habían conocido al Movimiento Al Socialismo (MAS) como partido gobernante. Ahora el escenario muestra la posibilidad de una política con matices. Sin importar quién gane la segunda vuelta, la izquierda no tendrá  la hegemonía con la actuó por casi dos décadas.

Por la fuerza de su campaña y trayectoria política, no es novedad que Jorge Quiroga haya asegurado un lugar para disputar la presidencia. Sin embargo, muchos dentro y fuera de Bolivia ponen la lupa en el otro binomio. No es exagerado decir que Rodrigo Paz sorprendió al encaramarse a la cima, sobre todo pronóstico, con su compañero de fórmula Edman Lara, a quien recién están googleando no pocos bolivianos.

¿Qué significa este panorama? Como explica Nicolás Liendo, oficial de Programa para América Latina y el Caribe de IDEA Internacional, “la primera posición de Rodrigo Paz Pereira ha sido una revolución en términos electorales y ha quedado en segundo lugar quien venía estando al tope de las encuestas, que es Jorge Tuto Quiroga, quien representa un ala más de derecha radical o una propuesta más clara de derecha. Pero lo que sí tienen en común estos candidatos es que proponen un modelo económico en cierta medida diferenciado del estatismo tradicional que ha venido gobernando los últimos 20 años a Bolivia”. 

Ni de izquierda ni de derecha

Los medios internacionales en su mayoría coincidieron en el enfoque del “viraje a la derecha”. Dos propuestas que dejan atrás al socialismo y se encaminan a un cambio, que hasta hace algún tiempo se veía dudoso en Bolivia. Sin embargo, no es tan sencillo encasillar en esta línea ideológica al binomio Paz- Lara.

Rodrigo Paz no es nuevo en política, aunque nunca había competido por la Presidencia. Tiene una amplia trayectoria como diputado, concejal, alcalde de la ciudad de Tarija, y, posteriormente, senador. Además, es hijo del expresidente Jaime Paz Zamora, que gobernó Bolivia entre 1989 y 1993, un período considerado parte de la etapa neoliberal.

El desempeño de Rodrigo Paz al frente de esta región del sur (2015-2020) estuvo rodeado de polémica. Tanto, que allí no recibió el apoyo de  la mayoría de los votantes, debido al fracaso de su gestión en con algunas obras públicas y por presuntos sobreprecios en los contratos. En ausencia de argumentos concretos, responde con generalidades: “Hay quienes viven de la política y quienes hacemos servicio público. He competido y vencido al Movimiento al Socialismo en cinco elecciones”, dijo a medios locales.

Para la politóloga María Teresa Zegada, el escenario aún es difuso. “La línea ideológica de Paz está indefinida. En su discurso usa muchos elementos que son como frases sueltas, no hay una consistencia programática. Por ejemplo, no sabes cuánto va a privatizar o cuánto va a mantener el modelo estatal actual, es difícil establecer su posicionamiento. Si uno ve en general diríamos incluso que está en centro izquierda, pero si ve al capitán Lara, es distinto, es conservador, religioso y parecería que ni siquiera hay una sólida afinidad entre ellos”.

Edman Lara, un personaje complejo, resultó ser la ficha clave para el triunfo parcial del PDC. Excapitán de la Policía Boliviana, muestra en su hoja de vida el haber sido dado de baja luego de denunciar hechos corruptos en ese ente. Bajo la bandera de limpieza y renovación, comenzó a mostrar una imagen cercana a las clases populares, de las que se considera parte. Distante de los medios masivos tradicionales, generó su conexión con el electorado especialmente en TikTok, donde realizó una campaña muy acorde con su estilo irreverente que arrastró a un público más joven. 

Según una reciente encuesta realizada por la Fundación Konrad Adenauer Bolivia y la Fundación Aru, alrededor del 75% de los votantes tienen entre 18 y 39 años. “Los jóvenes tienen una percepción de la política muy diferente a la que tienen sus padres y abuelos votantes y en general estos nuevos electores se están inclinando por estas propuestas más de derecha o radicales”, dice Liendo.

Ahora Lara ya dejó atrás su bajo perfil. “No queremos más la vieja casta política de derecha y de izquierda”, dijo en un encendido discurso en el que también usó expresiones como “logia de poder, racista y vendepatria” para referirse a su adversario, Jorge Quiroga. Estos adjetivos aparecieron con frecuencia en la narrativa de Evo Morales durante y después de su gobierno. Esto, y algunas manifestaciones de apoyo al exmandatario reveladas en los últimos días, hacen nacer dudas sobre qué tanta cercanía tienen Paz y Lara con la izquierda.   

En este contexto, que insiste en llamar incierto, Zegada señala que el binomio consolidó un apoyo de la geografía electoral que antes era del MAS. Y en los últimos días esto se ha expresado con manifestaciones públicas de dirigentes sindicales y sectores populares. Si detrás de todo esto hay una hábil maniobra electoral, está por verse.

Y como añade la experta, “no veo una revolución radical como Milei o Trump. Más bien diría que estamos ante una suerte de populismo, que puede derivar en cierto tipo de autoritarismo más adelante, ojalá que no. Hay un discurso muy populista en el sentido de responder a las necesidades de la gente (…) Lara incluso se muestra como un héroe popular justiciero luego de lo que pasó en la Policía y también con un discurso muy religioso de ‘Dios pone reyes y saca reyes’. Hay una serie de elementos antisistema que ellos expresan que se desprende de una institucionalidad partidaria y se lanza a un personalismo populista”.

A esto se suma que hicieron una campaña de la vieja escuela del marketing político. Caminar en los barrios, hablar con la gente, convivir con ellos, escuchar y responder. Tanto Paz como Lara invirtieron tiempo en esta estrategia mientras los medios se concentraban en los candidatos que veían con mayores posibilidades. Un episodio refleja  esto anecdóticamente. En un foro en la región de Santa Cruz, sus simpatizantes irrumpieron con un cartel que decía: “Para invitar al candidato Rodrigo Paz a foros y debates comunicarse al 61356466”.

El plan para “salir de la crisis”

“Desde hace tres días estoy en la fila esperando diésel y no ha alcanzado, por eso me he quedado nomás aquí y no he podido votar, ahora no sé qué hacer. No sé hasta cuándo vamos a seguir así”, dice preocupado Santos, un chofer de carga pesada que se quedó varado en la región de Cochabamba. Cómo él cientos de transportistas han asumido,  resignados, la rutina de pasar más tiempo en la carretera, a la espera de combustible, que trabajando.

La escasez de combustible exacerbada por la falta de dólares ha disparado la inflación y el costo de vida de los bolivianos, algo que se percibe en las calles cada día y se ha convertido en una constante en la agenda de los medios de comunicación. Esta debacle económica también se explica por la dependencia de las importaciones de diésel y gasolina subsidiadas para abastecer el mercado.

Los datos son preocupantes. Según el Instituto Nacional de Estadística (INE), la inflación acumulada hasta junio llegó al 15,5%, el doble de lo previsto por el gobierno de Luis Arce para todo el año, y la más alta en casi dos décadas. Además, organismos internacionales, como el Fondo Monetario Internacional  (FMI) y el Banco Mundial (BM) estiman hasta un 1,5% de crecimiento del PIB para este y el próximo año, y una inflación que seguirá elevada.

Por eso, los candidatos tuvieron en “salvar Bolivia” su consigna principal, pero con enfoques diferentes. Por ejemplo, Jorge Quiroga y su candidato a vicepresidente, Juan Pablo Velasco, plantean puntualmente reducir el gasto público y el subsidio a los carburantes, aunque aclaran que mantendrán el del transporte para frenar la inflación. 

Respecto a la falta de divisas se proponen atraer la inversión extranjera, acudir al FMI y otros organismos internacionales y prohibir que el Banco Central financie al Gobierno. Algunos consideran que estas medidas podrían impactar más en los sectores vulnerables, pero otros las ven como opciones factibles y urgentes, considerando la profundización de la crisis. Quiroga es radical respecto a recortar gastos superfluos: “Motosierra, machete, tijera y todo lo que encuentres”.

Paz ve la solución desde otra vereda: “No voy a pedir plata al Fondo Monetario Internacional. En Bolivia, si no roban, alcanza”. Su visión está más enfocada al denominado “capitalismo popular” con propuestas que van desde un programa de créditos accesibles, facilidades tributarias para dinamizar la economía formal y eliminar las trabas para las importaciones. Tiene una “agenda 50/50” que establece básicamente la redistribución del poder y la desconcentración del Estado.

No hay que perder de vista que, como en otros países, los bolivianos decidan por el voto bolsillo y apuesten por el candidato que mejor plantee las soluciones a sus dilemas rutinarios. Es decir, lograr que el dinero alcance para alimentar a su familia, sin que la incertidumbre política los obligue a hacer un nuevo presupuesto cada día. 

Abrir las puertas a la gobernabilidad

Con los resultados preliminares, el PDC se proyecta como la primera fuerza parlamentaria, seguida por Alianza Libertad y Democracia, de Quiroga, y Alianza Unidad, de Samuel Doria Medina. Sin una mayoría en el Congreso y considerando las propuestas de ambos, que incluyen por ejemplo derogar varias leyes, la gobernabilidad planteará un verdadero desafío.

Liendo, también experto en gobernanza democrática y procesos electorales, considera que Bolivia va a volver, en cierta medida, a una época en la que los gobiernos de coalición eran la característica, con dos o tres partidos predominantes y otros minoritarios regionales y nacionales, que al final definían la estabilidad de los acuerdos. En “un fin de ciclo hegemónico del MAS, que además tenía una importante llegada en el poder judicial y las instituciones de control, este cambio va a inferir en un cambio en esos órganos y eso también es gobernabilidad”.

Liendo también alerta que se debe considerar la “gobernabilidad territorial o de la calle”. “Las reformas que se están planteando son muy grandes y van a requerir no solo acuerdos políticos, sino también a nivel territorial en gobernaciones y municipios, y con la ciudadanía que viene muy desconfiada y desilusionada”.

Fortalecer la democracia no es una tarea fácil. Tiene que ver no solo con el manejo interno del país sino con la imagen del mismo que se instala en la política global. Durante los gobiernos del MAS, con Morales y Arce, la cercanía a Venezuela, Nicaragua, Cuba y la solidez en las relaciones con China, Irán y Rusia significaron un aislamiento importante para Bolivia.

El panorama ahora pinta diferente. Ambos candidatos expresaron abiertamente su deseo de reconsiderar las relaciones internacionales, lo que pondría al país en un punto diferente y más lejos de los regímenes autoritarios.

Hay un punto que no puede pasar desapercibido en esta coyuntura histórica pues, como dice la politóloga Zegada, este fin de ciclo deja a un claro ganador: la democracia. “Queda un camino para preservarla que pasa por la voluntad de los actores (…) Les toca a los líderes políticos estar a la altura de la situación tan crítica del país”.

Mientras los dos frentes definen su estrategia de campaña, ya entró en juego la bestia negra de las elecciones actuales en el mundo: la desinformación, un escenario con muchas trampas y riesgos en la estabilidad institucional. Por eso, los bolivianos también tendrán el desafío de demostrar su valor cívico para que este proceso termine como empezó: un triunfo para la democracia de su país.



Fabiola Chambi es periodista boliviana. Miembro de la Mesa Editorial de CONNECTAS. Fue editora web y gestora del LT DATA, primera unidad de datos de Bolivia en un medio. Publicó la investigación “Papeles de Panamá- Capítulo Bolivia” en alianza con el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ). Certificada por la Deutsche Welle y la Fundación Para el Periodismo en “Training of trainers (ToT)”. Es autora en Diálogo Político y docente universitaria.
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